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Historia del rey Magish


Todo comenzó hace muchos años, cuando el rey Magish reinaba en estas tierras. Magish era un gobernante sabio y bajo su manto el reino se desarrolló y fortaleció. Al mismo tiempo en una isla perdida en la inmensidad del océano, prosperaba el imperio del despótico emperador Gorbach, quien tenía el alma de un audaz guerrero. En vez de desarrollar su imperio y vivir en paz y tranquilidad, su deseo era conquistar y subyugar el mundo entero. Sólo podía concebir a una persona como único soberano de todos los territorios existentes: a él mismo.

Para conseguir su objetivo formó un colosal ejército y se hizo a la conquista de todos los reinos. Y así, un día llegó la hora del reino de Magish. El gobernante era consciente de que no podría resistir el poder del ejército de Gorbach, que, según se contaba, recibía sus fuerzas de la misma diosa Verzida. Pasó muchas noches en vela intentando encontrar una manera de preservar su poder y su reino; una manera, en definitiva, de derrotar al gran Gorbach. En su desesperación hizo ahorcar a muchos sabios y generales, ya que nadie era capaz de responder sus preguntas. Hasta que una noche se presentó ante él una aparición: el antiguo dios de los muertos y los malditos. Este dios no posee ningún nombre, puesto que los otros dioses sólo le han mostrado su desprecio y repugnancia desde su nacimiento.

El dios le dijo a Magish: “Te ayudaré. Te daré fuerzas para resistir a Gorbach, pero a cambio tú también deberás ayudarme. Te convertirás en mi gobernador tenebroso en estas tierras y reunirás las almas de los mortales para que yo suma el mundo 5000 años en la oscuridad. El resto de los dioses admirarán mi poder y temblarán de pavor ante mi presencia”. Magish, extenuado y al límite de sus fuerzas, aceptó su ofrecimiento y el dios le otorgó el poder de todos los muertos y malditos.

En una sangrienta lucha, Magish consiguió rechazar el ataque de Gorbach, quien tras su derrota huyó a su isla, donde lloró de tristeza al ver que las fuerzas de Verzida no le habían ayudado y que no podría ser el único soberano del mundo. Así lloró y lloró, y de sus lágrimas florecieron las prodigiosas flores de la tribulación, entre las que Gorbach no tardó en marchitarse. Tras su muerte las flores se extendieron y destruyeron el imperio, propagando una tristeza mortal a su paso.

La amenaza que había supuesto Gorbach se desvaneció, pero Magish no tenía razones para ser feliz, aunque hubiera conservado su reino. Ahora él debía cumplir su parte del pacto, convertirse en gobernador tenebroso y reunir las almas de los mortales para el dios de los muertos y malditos. El rey Magish temía su destino, pero lo que más temía era la soledad a la que se vería forzado, pues hasta su muerte debería cumplir con su terrible misión, sería intocable y todos lo maldecirían. Por eso decidió llevarse a toda su familia a las tinieblas; así podría soportar mejor la tristeza y la soledad.

Magish le comunicó su deseo al dios de los muertos y malditos, causando que su hermosa mujer Levreta compartiera su mismo destino. También se llevó consigo a los magos de la corte Lingraón y Zulimán, sus hermanastros, y los convirtió en sus sirvientes. Cuando los cortesanos se dieron cuenta de lo que le había ocurrido, decidieron exterminar a ese monstruo que una vez había sido su rey para que no pudiera cumplir su terrible misión de reunir las almas de los mortales. Sin embargo, sus fuerzas no fueron suficientes; incluso el legendario caballero infernal Agudar, quien dirigía el comando de castigo, cayó en el combate y fue sometido por el poder del gobernador tenebroso. En vista de ello, los habitantes decidieron en una asamblea general emparedar a Magish y a su familia en su propio palacio, que pronto pasó a ser conocido como el sepulcro. El palacio se convirtió en un lugar maldito e inquietante. De noche, los difuntos se levantan y en su silenciosa maldad sólo se escucha el crujir de sus podridos dientes; los niños muertos juegan al corro cantando canciones silenciosas, ancianos decrépitos merodean por los poblados y miran por las ventanas, observando a los vivos y sembrando el terror. Mientras que Magish viva y vestigios de su
magia sigan escapando del sepulcro, la tranquilidad y la paz no podrán reinar en estas tierras.

 

Rey Magish tras la transformación



 
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